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Mi niño es de anuncio

Mi niño es de anuncio

Señora… Sí, sí, usted… Usted que tiene un niño guapetón y rubicundo como un querubín. Usted que ya está marcando el número de teléfono de una agencia de publicidad para preguntar qué tiene que hacer para que su pequeño del alma (con su piel de canela) salga en la tele porque todo el mundo le dice que es de anuncio. Deténgase. Stop. No llame aún…

Piense antes de darle a la tecla si está segura de querer adentrarse con su criaturita de la mano en el Mágico Mundo de Colores e Ilusiones del Casting Infantil. No diga que sí a lo loco, primero asegúrese de que toma la decisión acertada. No todos los niños cumplen con las condiciones ideales, y no, no me refiero a ese clásico tantas veces escuchado en las agencias: “es que mi hijo es muy guapo, si es rubio con ojos azules…”. Señora, Quique San Francisco también es rubio con ojos azules, ¿Y?…

No, amiga madre, y permíteme que te tutee ya que vamos a compartir confidencias, no estoy hablando de ese tipo de condiciones. De hecho, y sorpréndete con lo que te voy a contar, no hace falta que un niño sea bello y hermoso para que haga publicidad, televisión o cine. “Pero es que mi hijo sí lo es”. Ya. El tuyo, el de aquella, el de la otra. Pues eso… Ya sabemos que todos los niños (propios) son guapos. (Los de los demás, a veces).

A lo que iba, amiga madre de un niño guapo (o no), las condiciones de las que hablo no tienen que ver con el físico y la estética, sino con la actitud, con la ilusión, con las ganas de tu hijo de hacer un casting y disfrutarlo, no de vivirlo como una tortura impuesta.

He dicho “tortura impuesta”. Impuesta ¿por quién?, te preguntarás. ¿Por quién va a ser, por la santa inquisición española? Pues no, amiga inocentona, por los propios progenitores. No te imaginas la cantidad de madres y padres que proyectan en sus hijos sus frustraciones. Adultos que fantaseaban con dedicarse al mundo del espéctaculo y esperan que sus vástagos cumplan con sus sueños no conseguidos. Son aquellos que desean, por encima de todo, tener un artista en casa, aunque el niño no quiera, aunque lo que le apetezca de verdad es jugar al futbol, ser taxidermista o hacerse funcionario. Los reconocerás porque cuando acompañan a sus hijos a una prueba lo viven con tanta pasión como ganas de salir corriendo tienen los niños. Es esa madre que cuando su niña está enfurruñada porque de lo que tiene ganas es de comerse un bocadillo de nocilla mientras ve los dibujos en lugar de ir de casting en casting, insiste una y otra vez: “canta, nena, canta como  la Shakira”  “Baila el Waka Waka, si en casa lo haces muy bien” “Venga, no seas cabezona, ahora no te vayas a poner a llorar…” “anda, tonta, mírame, que yo también bailo contigo” “¿quieres moverte y no hacerme quedar mal delante de este señor tan simpático?”. Ese señor (o señora) tan simpático es el director/a de casting. Ese ser humano que, mientras la madre da vueltas sin parar al tiempo que repite “pues en casa sí lo hace”, aguanta estoicamente cuando otro en sus circunstancias habría creado un grupo en facebook de Amigos de la Eugenesia. Ese hombre, o mujer, de paciencia infinita que ante el berrinche incontrolado del niño siempre opta por ejercer de supernanny en lugar de hacerse seguidor en twitter de Herodes. El director de casting… Ese  gran profesional nunca suficientemente valorado. No maltratemos a los directores de casting, por favor. Ellos también merecen un respeto.

Padres  y madres del mundo, aceptad que si vuestros retoños no pertenecen a esa clase de niños que disfrutan de verdad haciendo castings, que saltan de alegría cuando participan en series o en anuncios, que necesitan desarrollar esa faceta interpretativa que les sale de dentro sin que sea un capricho, debéis permitirles escoger otro camino.

Siempre os queda la opción de apuntaros vosotros a las agencias para hacer figuración o publicidad, ¿lo habéis pensado? No hay límite de edad y, si tenéis un poco de tiempo libre, podéis convertirlo incluso en un hobby rentable.

Volviendo a ti, amiga madre que a estas alturas ya lo tienes claro, si finalmente has decidido que tu hijo sí cumple las condiciones, debes saber que, desde este momento, tienes la misión de acompañarle a los castings, de insistirle en que no puede dejar de lado sus estudios, de hacerle entender que seguramente tendrá que esforzarse más en clase para no perder el ritmo… Si a pesar de todo queréis seguir adelante, ¿a qué estás esperando? Llama ya a la agencia de publicidad. Y felicidades, porque tú sí tienes un niño de anuncio.